Los therians se apoderaron de las tendencias en redes sociales tras hacerse virales fotos y videos de sus vestimentas como distintas especies de animales, andando a cuatro patas o arrastrándose, replicando los sonidos de perros, gatos o lobos, además de algunos casos aislados en los que un therian agredía a personas y viceversa.
El tema rápidamente escaló en redes sociales donde había confusión, rechazo y burlas; sin embargo, debemos ser conscientes de que es un fenómeno que existe no desde febrero de 2026, sino que ha tomado mucha fuerza en redes sociales desde hace un par de años, tal y como lo muestran los videos de therias en plataformas como TikTok.
Aunque han surgido muchas preguntas al respecto entre personas de todas las edades, las más frecuentes vienen de adultos que no comprenden este fenómeno y de ahí que existan preguntas como qué hacer si mi hijo o alguien cercano se acerca a mí para contarme que se identifica como un therian, es decir, que varía su lado humano con el de algún animal.
Sobre esto El Heraldo de México conversó con Daphne Lomelí Sotelo, psicóloga clínica, quien asegura que el fenómeno de los therians no está relacionado a problemas de la salud mental, como se ha llegado a comentar en redes sociales, sino más bien a una identidad subjetiva que merece validación y aceptación.
Pero empezando por lo simple, para Lomelí Sotelo es importante recordar que, “el fenómeno therian es una forma de identidad subjetiva en la que una persona experimenta una identificación profunda y simbólica con un animal no humano, sin que esto implique necesariamente una pérdida del juicio de realidad”.
Y aunque suene difícil de comprender, como se ha visto en las últimas semanas, y por lo tanto de aceptar estos dos principios son los pilares para enfrentar cuando un hijo o alguien cercano se ha acercado a confesar que su identidad presenta esta dualidad entre lo humano y lo animal.
Para los que tienen duda de si las personas que rodean a los therians deberían de estar preocupados por ellos, la respuesta simple es no, pero siempre y cuando el comportamiento no exceda los límites entre la identidad del humano y del animal, así lo hace saber la psicóloga clínica Daphne Lomelí Sotelo.
Con información de El Heraldo